Prólogo a la segunda edición y contenido completo del Decálogo
Católicas por el Derecho a Decidir auspicia y acompaña este Decálogo de la Red PAR, la red de Periodistas de Argentina por una comunicación no sexista, conformada hasta la fecha por más de un centenar de mujeres y varones que han decidido unirse con el objetivo de avanzar en el lenguaje no sexista en los medios de comunicación, a la vez que se pronuncian a favor de despenalizar el aborto, trabajan con gran compromiso el tema de violencia de género y son concientes de los poderes reales y simbólicos que tienen los medios de comunicación.
Colaborar con la publicación del Decálogo para el tratamiento periodístico del lenguaje no sexista y de la violencia hacia las mujeres, realizado con tanto cuidado, es para nosotras una satisfacción muy grande. Los medios de comunicación no son culpables del patriarcado, pero al igual que las religiones, lo legitiman cada día. Sin embargo, aún en las estructuras más duras y complejas hay personas, y en cada persona hay una oportunidad de generar un proceso de cambio.
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osotras trabajamos incansablemente para deconstruir mitos, creencias, tabúes y costumbres que hemos heredado de una religión patriarcal -sin por eso dejar de pertenecer a la comunidad de fe- y apostamos a la no discriminación. Nos alegra profundamente la aparición de este Decálogo, que es sin lugar a dudas una herramienta pedagógica para periodistas y para muchas otras personas cuyo oficio pasa por la palabra. Una máquina no es ni mala ni buena en sí misma, el uso de esa máquina para la explotación de personas es lo perverso. Con los medios pasa lo mismo, la televisión, la radio, Internet, no son culpables del atentado contra la dignidad humana que significa la desinformación, el lenguaje sexista, violento, racista, clasista que se repite una y otra vez.Los responsables son, entre otros, quienes tienen un interés en el lucro económico y en difundir la ideología de los sectores de poder, colaborando para construir un discursohegemónico.
Asimismo, los medios que están en poder de las religiones que pretenden llevar sus púlpitos a las radios y TV, con el interés de perpetrar la naturalización de las desigualdades, las creencias, los miedos que llevan a las personas a obedecer y ser la contraparte necesaria para la dominación de clase, género o raza, aportando lo propio para el sostenimiento del patriarcado.
Hace miles de años en las diferentes religiones existían divinidades diversas y muchas femeninas; en muchas culturas aparecen vestigios de la Diosa como divinidad superior; sin embargo, en un proceso que desconocemos exactamente, la Diosa fue desapareciendo y las principales religiones monoteístas adoptaron al Dios todopoderoso con el deseo de imponer control, jerarquizar la sociedad y subordinar a muchos sectores, pero especialmente de mantener a las mujeres en un estado de absoluta subordinación al varón.
O sea que con la aparición del Dios único todo poderoso, masculino y castigador, aparece la primera violencia simbólica que marcará el cuerpo y la vida de las mujeres. Solo el varón, el hombre, se sentirá creado plenamente a la imagen y semejanza de Dios. Entonces, para sostener el poder masculino en la sociedad se crearon muchos mitos, la mayoría de ellos fundacionales de las diferentes religiones.
Los mitos no sólo dieron legitimidad al poder y a los poderosos de esos momentos históricos, sino que construyeron un relato de todos los misterios y dilemas de la vida, una cosmovisión determinada que condicionó la cultura, las leyes y las artes durante más de cinco mil años. Las variantes de los mitos fundantes en las diferentes religiones son significativas en algunos aspectos, pero refuerzan de un modo u otro el patriarcado.
Este mundo jerarquizado y ordenado en relación a la figura del patriarca masculino, que condena a la mujer a servir y callar, es el que está escrito desde la antigüedad en el cuerpo de las mujeres. Pero también lo escrito en nuestro cuerpo no es absoluto y va cambiando, de lo contrario estaríamos pensando del mismo modo que los fundamentalistas. Todos los días vamos imprimiendo en el cuerpo, en la cultura, en los discursos, nuevos mensajes que en un proceso evolutivo darán lugar a cambios y reconstrucciones importantes.
Sin embargo, y a pesar de los poderes, en los medios de comunicación hay una trama de matices construida por las personas, y allí es donde queremos llegar. Acompañamos este intento de sensibilizar a las personas que trabajan en los medios de comunicación para que no haya más lenguaje sexista, machista, racista o violento. Que las palabras sean nombradas para construir
la igualdad, la justicia, la paz y la dignidad humana, y que la tecnología tan desarrollada en este siglo esté al servicio de la vida plena.
Marta Alanís
Católicas por el Derecho a Decidir

